Uno es libre de considerar una lengua como un palacio y desdeñar usos locales deformados respecto el "estándar".
No es lo mismo desdeñar usos locales que usos incoherentes. Si alguien dice "Vamos haber si encontramos un ejemplo", no está usando una variante dialectal del castellano, sino demostrando que no comprende la gramática más elemental. Eso no tiene nada que ver con usar una flexion verbal local, o un léxico local. Las variantes locales son totalmente respetables, aunque siempre sea conveniente reconocer un estándar global para el mejor entendimiento mutuo.
Pero el hecho es que las lenguas se transforman.
Los dialectos surgen por razones históricas y culturales.
Insisto en que "haber si encontramos un ejemplo" no es una variante dialectal (como tampoco lo es decir "habrán números", que es el caso que ha originado este debate) , y de eso hablaba yo.
Aparecen por ejemplo muchos usos "deformados" (adjetivo con el que no coincido su aplicación) en grupos de personas que no han tenido acceso a una educación común.
Esos contextos pueden dar lugar a aparición de expresiones y giros novedosos, que en sí no tienen nada de reprobable, salvo quizá que puedan ser demasiado locales y pasajeros, de modo que terminen sin dejar huella alguna en el lenguaje. Pero si terminan teniendo éxito, constituyen una evolución completamente legítima de la lengua a la que nada hay que objetar.
Pero también es frecuente que den lugar a un léxico demasiado desgastado, en el que una misma palabra puede tener muchos significados distintos y hasta contradictorios, de modo que su uso no demuestra ninguna clase de originalidad lingüística, ni una adaptación de la lengua a nuevas realidades o mentalidades, sino simplemente pobreza de expresión, normalment reflejo de pobreza de pensamiento. Hay casos y casos.
Esos hechos sociales son consecuencia de acciones o inacciones políticas, emergencias económicas, o cualesquiera otras razones.
Pero eso no se puede manejar, y con los siglos los cambios siempre vienen.
Nadie en su sano juicio rechazaría un cambio por el mero hecho de ser un cambio. Pero hay cambios que enriquecen y cambios que empobrecen.
Y por otro lado, la lengua no es un objeto para sí mismo, está para que la gente pueda comunicarse y expresarse.
Si la gente "deforma" el idioma para poder expresar mejor su forma de sentir la vida en un lugar o época, entonces me parece mejor que respetar unas reglas fijas que sólo permiten expresarse en forma más o menos obsoleta.
Totalmente de acuerdo. Pero decir "habrán números" no contribuye a expresar ningún sentimiento, mientras que sí que introduce un caos inútil en la lengua, ya que quien dice "habrán números" no dice "han números", o "hany números" cuando habla en presente.
Los "errores", como escribir "onvre" en vez de "hombre", son indeseables porque entorpecen la comunicación.
La lengua es un "lugar de encuentro", y tiene que haber un núcleo común a todos los hablantes.
Eso permite que nos entendamos hispanoblantes de varios países distintos.
Pero los detalles locales, si surgen, y si se alejan de la RAE, no pueden considerarse un "error".
No creo que nadie haya dicho lo contrario. Siguiendo la parábola, no hay ningún inconveniente en dotar de iluminación eléctrica a una catedral gótica.
Acá en el foro procuro reducir los argentinismos al mínimo, y enfocarme en el núcleo común (intersección de los dialectos D, tal que D proviene del español
), para agilizar la comunicación.
Pero si un escritor argentino decide escribir un libro completamente en lunfardo, ¿será considerado un buen o un mal escritor?
Si el libro es bueno, ¿acaso ayudará a fijar un nuevo estándar?
Y si el "dialecto" argentino se consolida como nuevo idioma, ¿significará que dejamos de entendernos con los demás países hispanohablantes?
No, seguro nos entenderemos. Pero entonces es que "pertenecemos" al mismo grupo lingüístico.
Pues no conozco los detalles sobre las posibilidades literarias del lunfardo, pero, hablando en general, muchas lenguas dialectales, para convertirse en lenguas literarias, requieren una buena revisión, así le sucedió a todas las lenguas que conozco con una sólida literatura. El latín de los pastores del Lacio no era ni mucho menos la lengua de Cicerón y César, el castellano de los monasterios burgaleses no es la lengua de Cervantes, el italiano de antes de Dante no es el mismo que el de después de Dante y los renacentistas, etc.
Cuando un libro técnico usa un castellano neutro, es lógico que lo haga, pues necesita venderse al mayor número de personas. Pero no es por amor a la RAE.
Yo no le tengo ningún amor a la RAE. De hecho, sólo le hago caso cuando considero que tiene razón. Una vez escribí a su consultorio de dudas lingüísticas para preguntar si era correcto empezar un mensaje con "Hola, Pedro." o mejor "Hola, Pedro:". Me contestaron que lo correcto era "Hola, Pedro:" y que lo otro era incorrecto. Y yo, naturalmente, no les hice ningún caso, porque eso (al igual que el argumento que me dieron) es absurdo.
Bueno, este tema da para largos debates.
Y en general no veo buenas razones para defender una normativa rígida del idioma.
Depende. Si por normativa rígida entiendes "todo cambio es inadmisible", obviamente no. Si entiendes "sólo los cambios que tienen justificación son admisibles", entonces es otra cosa.
Tampoco veo bien que la gente a propósito hable de forma que no se le entienda.
Jamás me plugo el recurso a vocablos abstrusos.
Y entre esos dos extremos hay una todo un rango de valores en que no sé dónde trazar la línea de lo que es "bueno" o "malo" para un idioma.
No hace falta saber dónde está exactamente la línea para saber si muchos casos quedan a un lado o a otro de ella.